La banca virtual en la nueva Ley de Bancos

Rafael Martín-Ponte

Abogado de Andersen Legal

 

El desarrollo exponencial de la tecnología y la informática modificará sustancialmente la ejecución de las operaciones bancarias. Esta realidad deberá ser tomada en consideración no sólo por las propias instituciones financieras, sino también por los legisladores y supervisores, a fin de concertar la necesaria estabilidad del sistema bancario.

Una de las instituciones más representativas de esta influencia tecnológica está representada por el denominado “e-banking”, que implica el uso del Internet como un vehículo remoto para el ejercicio de los servicios financieros. Dentro del ámbito de éstos servicios financieros pueden incluirse la apertura de cuentas, transferencia de fondos, pagos de bienes o servicios, la revisión de estados de cuenta y en general todas las operaciones y servicios bancarioas.

En general, los bancos pueden ofrecer servicios en la Internet mediante dos distintoas esquemas: en primer lugar, como una prolongación de su sede física, estableciendo al efecto un canal alternativo de operaciones en la Web; y, en segundo término, a través del establecimiento de un banco exclusivamente virtual, carente de cualquier presencia física, salvo por lo que corresponde al lugar donde descansaría el servidor correspondiente. A su vez, los bancos exclusivamente virtuales pueden constituirse mediante diversas modalidades, entre las cuales podríamos resaltar el establecimiento de un banco virtual de novo u originario o la conversión de un banco físico en uno virtual, mediante la compra previa de una institución financiera autorizada para operar.  La justificación para la creación de un banco exclusivamente virtual se fundamenta en la reducción de costos y la conveniencia que los mismos presentarían para los clientes (tiempo, costos e inmediatez).

La Ley de Bancos de 2001 introdujo por primera vez en nuestro ordenamiento jurídico la figura de la banca virtual, cuya conceptualización jurídica pareciera prever únicamente el uso del Internet como una prolongación de la sede física de las instituciones financieras, a cuyo efecto se previó –erróneamente- la autorización previa de la Superintendencia de Bancos (artículo 72 y 73). Decimos erróneamente, pues constituyendo únicamente una forma alternativa de operaciones –al igual que el uso del teléfono- pareciera absurdo el obstáculo jurídico creado; máxime cuando la propia Ley estableció en su artículo 18 la ausencia de autorización para la apertura de sucursales o agencias de instituciones financieras, las cuales cumplirían un papel similar al de la banca en Internet.

Pero quedaría por determinar la viabilidad jurídica de crear un banco exclusivamente virtual, en cuyo caso consideramos que las normas legales anteriormente indicadas, aplicadas conjuntamente con los requerimientos legales de constitución y funcionamiento de las instituciones financieras, podría dar cabida a esta clase de entes, que cuentan en la arena jurídica internacional con un amplio reconocimiento doctrinal y jurídico.

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