Equivalencia Electrónica

Gustavo Muci

Socio Romero-Muci & Asociados Despacho de Abogados, firma asociada a Deloitte & Touche

gmuci@dttve.com

La tecnología hoy manda en los cambios; así, en los negocios electrónicos, el clásico documento papel fue tecnológicamente sustituido por los bits y bytes de los asientos electrónicos, y las firmas autógrafas reemplazadas por la firma electrónica.

Ahora bien, la equivalencia legal entre la firma autógrafa y la electrónica sólo se da cuando ésta genera la misma confianza y seguridad jurídica que aquella; caso contrario, no tendrá tal condición de firma; veamos por qué.

La Ley de Mensajes de Datos Firmas Electrónicas (LMDFE) prevé una definición amplia de firma electrónica: información creada o utilizada por el signatario, asociada al mensaje de datos, que permite atribuirle su autoría bajo el contexto en el cual ha sido empleado; define al signatario como la persona titular de una firma electrónica o un certificado electrónico; mientras que el certificado electrónico es definido como el mensaje de datos proporcionado por un proveedor de servicios de certificación que le atribuye certeza y validez a dicha firma electrónica; los mensajes de datos, conforme a la LMDFE tienen la misma eficacia probatoria que la ley otorga a los documentos escritos. Entonces, ¿cuál firma electrónica equivale funcionalmente a la autógrafa? Salvando la libertad contractual que el Art. 16 de la LMDFE prevé, será aquella que esté provista de un certificado electrónico; el certificado electrónico atribuye certeza y validez jurídica a la firma electrónica; garantiza la autoría de la firma electrónica y la integridad del mensaje de datos; por su parte, el certificado electrónico es un mensaje de datos; y, los mensajes de datos tienen la misma eficacia probatoria que la ley otorga a los documentos escritos. Entonces, legalmente la firma electrónica que tiene equivalencia funcional con la autógrafa es la firma digital, aquella que se construye gracias a la conjugación de claves públicas o privadas y que al menos cubre los requerimientos contenidos en el Art. 16 de la LMDFE.

La equivalencia funcional permite mantener vigentes las funciones tradicionales de la firma autógrafa. Por tanto, la firma digital será aquella que permita cubrir tales funciones: a) identificar a una persona; b) proporcionar certidumbre respecto a su participación personal en el acto de una firma; y, c) vincular a la persona con el contenido del documento. Sin la cobertura de tales funciones, no habrá equivalencia funcional y estaremos en presencia de una firma electrónica desprovista de validez y eficacia jurídica, sin capacidad de generar certeza jurídica sobre la autoría de un mensaje de datos, su contenido y su existencia misma.

 

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