El realismo mágico jurídico venezola

 

¿Qué es el realismo mágico?

Antes de presentar una definición del realismo mágico, consideramos pertinente aclarar, como punto de partida, qué se entiende por realismo y por realidad. Según el Diccionario de la Real Academia Española, realismo es la “forma de presentar las cosas tal como son, sin suavizarlas ni exagerarlas” y realidad  es “la verdad, lo que ocurre verdaderamente.”

Entonces, el realismo mágico debe ser entendido como la realidad exagerada o abultada o como la realidad contraria (la anti-realidad) o como una realidad encubierta o quizás como una realidad sin contexto o realidad no-realista o expresado coloquialmente la realidad patas arriba. Es decir, el realismo mágico no refleja ni es el resultado de lo que ocurre verdaderamente.

El realismo mágico equivale a realidad enmascarada, al resultado de la deliberada manipulación de la realidad; en él se combinan la realidad y la fantasía de forma tal que no existe diferencia alguna entre las dos.

En la literatura, el realismo mágico es la expresión resultante de fundir lo real con lo fantástico. Según Horacio Moreno, “el realismo mágico expresa una alteración milagrosa de la realidad.” Este mismo autor señala que “el objetivo último del surrealismo era eliminar la distinción entre sueño y realidad, razón y locura, objetividad y subjetividad.” Alejo Carpentier al buscar un distanciamiento del surrealismo, “identificó el aspecto único de Latinoamérica como “lo real maravilloso”.

¿Por qué pretender aplicar una figura literaria al mundo jurídico?

A nuestro juicio, el término realismo mágico no solo sirve para calificar una forma literaria o artística, sino que es perfectamente aplicable para describir cualquier situación atípica, exagerada, de expresión humana, inclusive en el mundo jurídico o del Derecho.

El realismo mágico jurídico implica relacionarse imaginariamente con la realidad, según una visión adulterada de las cosas que irrumpe contra la racionalidad, dejando el camino franco para que la voluntad subyugue al objetivismo, para que en la práctica prevalezca un uso alternativo del derecho que se constituye en abuso alternativo de la constitución y en la anomia resultante de la existencia de normas u ordenamientos contradictorios.

Entonces, habrá realismo mágico jurídico cuando, por ejemplo: (i) el Estado Social sea una retórica verborágica, o (ii) las leyes no estén dirigidas a generar calidad de vida y bien común, o (iii) la Ley de Protección al Consumidor no encuentra aplicación en el comercio informalizado, o (iv) el Derecho no cumpla las funciones sociales que está orientado a cumplir o “el no-derecho impuesto que viola manifiestamente los principios constitutivos del derecho no se vuelve derecho por ser aplicado u obedecido” o (v) los derechos y garantías sociales consagrados en nuestra Constitución no sean sino meros postulados o declaraciones de principio al no conseguir en el Estado la capacidad de cumplir con sus obligaciones, convirtiéndose, de facto, en derechos y garantías sociales de imposible satisfacción y sin aspiración practica alguna de conseguir los fines sociales perseguidos.

El realismo mágico jurídico se produce y está presente cuando el Derecho se distancia de la realidad, cuando se convierte en ineficaz porque la norma se manipula a voluntad descontrolada por quienes ostentan el poder, cuando no existe relación entre las normas jurídicas y el orden global y, por ende, el Derecho deja de ser la condición indispensable para la materialización de la mayor parte de los fines que los propios hombres para sí propician, provocando frustración y desviación social, que se traducen en la agudización del quiebre y de la incoherencia colectiva.

Es por todo ello, entre otras cosas, que el pensamiento de Voltaire está más vigente que nunca: “Si quereis disponer de leyes acertadas, entregad al fuego las existentes y promulgad leyes nuevas”; y, en cuanto a las leyes injustas, señalaba Carnelutti que “las leyes injustas ni son útiles ni duraderas; no son útiles, porque no conducen a la paz; no son duraderas, porque, tarde o temprano, desembocan en la revolución”; consideramos, que conducen, más bien, al realismo mágico jurídico, que sólo es confusión y anarquía (V.gr., “no-derecho”).

 

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